martes, noviembre 30, 2010

Cartas

Tengo un muy querido amigo que vive lejos lejos de mí. Lejos en otro continente. Así de lejos. Afortunadamente  estuvo en Buenos Aires este año y yo estuve en Paris el año pasado y pasamos tiempo juntos, por lo menos unos ratos.
Lo conocí en mis primeros días de clase en el conser, y ese primer año de carrera (idílico para mí) lo compartí sobre todo con él, porque desde que nos encontramos ( y esto lo recuerdo muy bien) en el tercer piso, ambos apoyados en la baranda de la escalera no pudimos no ser amigos. Y es re loco porque a mi eso mucho no me sale. Conocer gente, digo. Y con él fue así de fácil.

Creo que fue en Paris que acordamos empezar a escribirnos cartas en vez de enviarnos mails, o por ahí fue después, no me acuerdo, la cuestión es que hace un poco más de un año que mantenemos una relación epistolar que no se rompe o interrumpe salvo por su visita a principios de este año. Y no hablamos por teléfono ni nos mandamos mails, sólo nos escribimos cartas.

Me gusta mucho escribir cartas, así, manuscritas, a la vieja usanza. Lapicera, papel biblia, sobre y al correo.
Creo que siempre me gustó. De adolescente solía escribir muchas a amigas y siempre quise tener un "pen friend", pero nunca lo logré (hasta ahora).
Me parece que me gustan las cartas porque son unidireccionales, porque te dan el espacio (físico y mental) de explayarte y como no existe la inmediatez de la respuesta a mi me resulta genial. Básicamente porque puedo confesar más intimidades sin ver la cara del otro, porque ese otro se va a tomar un tiempo para responderme, o tal vez ni lo haga y sea yo quien reciba confesiones en forma de carta, pero mis secretos van a quedar documentados en esas hojas, en esas palabras que están en otro lado del mundo (en este caso) y fuera de mi cabeza.

Ayer le escribí una carta a mi amigo. Porque necesitaba contarle muchísimas cosas. Porque últimamente me acuerdo mucho de él y porque simbólicamente él es una parte gigante de este círculo que empieza a cerrarse.

Quería decir eso.-

7 comentarios:

giraenvano dijo...

Y la estampilla!
Tanto detalle ceremonioso... mucho mas que un send pelado y chau.

S dijo...

Totalmenta! En algún momento quise comprar las estampillas y tirar la carta en el buzón, pero cuando veo los buzones de la Ciudad Autónoma no me da mucha confianza de que el servicio de correo vaya a revisarlos alguna vez, así que mejor le dejo la carta a mi cartera amiga.

giraenvano dijo...

Los buzones del correo argentino funcionan!!!
Lo probe empiricamente.
El tema es tener estampillas compradas y saber cuantas hay que poner.

m. dijo...

Bueno...el post que subí ayer algo, algo tiene que ver con eso.

m. dijo...

no me tomó el post que puse antes creo :(

S dijo...

MC, seguramente, pero me da tanta desconfianza... Además, hay una cuestiòn con el peso de la carta y la variación mínima implica como el doble de estampillas... En fin, la cuestión es que encontré una oficina postal impopular cerca de mi casa, ideal para mi.


m. Cuando leí su posteo de ayer le iba a comentar al respecto, pero después me olvidé. Sí, creo que de alguna manera hablamos un poco de lo mismo. Viva la tecnología!

Salutes!

giraenvano dijo...

Hay que confiar en las instituciones.
Voto por las estampillas y los buzones esquineros.