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martes, enero 27, 2009

Sobre las etiquetas (y dale con eso)

Me pasa que cuando una idea me entra en la cabeza no se va tan fácilmente. La idea o más bien el concepto que tengo en mi cabeza es (todavía) el de las etiquetas, y cuánto quiero deshacerme de ellas. Muchas de las cosas que me están sucediendo hoy en día tienen relación directa con eso.

Ayer, por primera vez en casi diez años (sí, diez años) volví a agarrar un lápiz para dibujar. Antes de agarrarlo lo compré. Siempre tuve preferencia por los lápices blandos. B, 2B y 3B. Eso compré ayer. Y un sacapuntas.
Hace diez años también hice una de las compras más copantes. Una caja de lápices policromos. Amo esos lápices. En aquel momento los usé muchísimo (en aquel momento estaba en el CBC de arquitectura y tenía que dibujar mucho). Cuando dejé la carrera también dejé los lápices y el dibujo de lado. Porque había cerrado una etapa. Y la etiqueta dice que cuando cierro una etapa debo abandonar todo lo que tiene que ver con esa etapa, aunque me encante, como el dibujo.

No se si era buena dibujando, no importa mucho. Sí se que siempre me gustó el tema del dibujo en lápiz y las luces y sombras. El darle volúmen a un dibujo bidimensional y convertirlo, sólo con un toque de negro o blanco, en algo tridimensional. Como que de repente cobra vida con el toque de un lapiz. O algo así.

Ayer agarré un lapiz de madera por primera vez en diez años (mi excusa para no usar lápices de madera siempre fue que el contacto del grafito con la hoja me daba escalofríos, entonces usaba portaminas). Y dibujé. Empecé a copiar. Mi piano. Una unión perfecta. Si lo termino, tal vez suba el resultado aca, quién sabe.

lunes, diciembre 22, 2008

La dura realidad

Un comentario de mi anterior post fue sumamente pertinente con algo que me acaba de suceder. Hace un ratito recibo este comentario que dice que es peligroso que la etiqueta la ponga otro (sobre uno). Ok, a las pruebas me remito (o ejemplos).

Recién venía caminando por la calle lo más campante y me paré en una esquina a esperar que cambiara el semáforo cuando de repente un señor me entrega especialmente a mí un volante. De qué? Del Dieta Club. Lo campante se me fue por la alcantarilla de la vereda, pero traté de pilotearla.
Malditas etiquetas...

El volante dice (como para humillarme un poco más): "Busco cintura perdida".



En fín.