lunes, noviembre 05, 2007

Salvo por algún campamento allá lejos y hace tiempo, creo no recordar (o haber tenido) esta sensación de recreo en medio de la vorágine.
Este fin de semana que pasó me fui de la ciudad. Eventos importantísimos lo ameritaban, entonces partí. No sin antes dejar todo preparado para estos días que llegan porque, bueno, soy una mujer organizada. Decía, entonces, que me fui. Y saco algunas conclusiones.
El tiempo pasa distinto cuando no estoy en la ciudad. Es más laxo (cómo me gusta esa palabra), es más amable, hasta más lento. Y, sin embargo ya pasó. Pero quedé con la sensación de haberme ido más que dos días. Como si hubiera sido una semana.
El nivel de relajación. Salgo de la ciudad y sucede casi como por arte de magia. Y no hablo de relajación al estilo zen sino otro tipo. Una relajación que tiene algunos picos nerviosos. Por ejemplo esos minutos antes de la salida, las fantasías sobre cómo desempeñaré mi rol de "S" en un contexto (lugar y compañía) desacostumbrados para la S de todos los días. Los recuerdos de ese lugar al que sólo había visitado una vez hace tantos años atrás (como 10) y si me resultará familiar o qué. Así y todo, con todas esas cositas, muté a mi modo relajado. Ese modo de "está todo bien de cualquier manera". No se si me explico.
Sigo sorprendida por este recreo en el medio de. Y me pregunto por qué no lo hago más seguido si tan bien me hace. Y la respuesta es que si se convirtiera en hábito dejaría de funcionar como recreo y formaría parte de mi rutina. Entonces no.
Últimamente pienso mucho en algunas cosas puntuales. No importa en qué. Me pasa siempre. Períodos del año divididos en los temas que tengo en la cabeza. Una gran parte de este año fue ocupada con el tema del uso del tiempo, por ejemplo. Claro que también están esos pensamientos recurrentes sobre el trabajo, el futuro, los estudios, los muchachos y tal. Pero hay temas que dominan, de alguna manera, mi cabeza por períodos. Y todos los pensamientos recurrentes se adaptan al período temático. Entonces mis ideas siempre están, de alguna manera, mutando.
Salir de la ciudad hizo que descansara de eso porque, vamos, se torna agotador por momentos.
Cuando llegué ayer a la tarde nada había cambiado. Mi casa estaba igual, mis casillas de mail no estaban desbordadas, pero yo estaba bien, como con una suerte de sensación de completud y tranquilidad, difícil de lograr en día domingo. Entonces me auguro una semana feliz (sin ánimo de ojear mi propia semana, claro está) con este resabio de tranquilidad por haber pasado un fin de semana muy precioso.

1 comentario:

Jok€r dijo...

eso es lo que importa que andes bien con tu cabeza y tranquila con vos misma... buen punto el que si lo haces mas seguido no tendria la misma gracia... un beso nos leemos!