Acabo de llegar del súper y me dí cuenta de algo... Mientras estoy recorriendo los pasillos (o góndolas, o como se diga) hablo sola. En vez de repasar la lista mentalmente, la digo para afuera (entre otras cosas, creo que digo todo lo que pienso para afuera).
Creo que debo parecer una loca... No se.
En todo caso, si alguna vez ven a una señorita conversando con ella misma en un súper, preguntenlé si tiene un blog.
7 comentarios:
S: Jaja! Yo hace un tiempo largo, me dí cuenta que en el supermercado, a algunas personas, nos pasan cosas muy especiales.
Yo he llegado a conclusiones muy importantes, he tomado decisiones, me he calmado en momento de ansiedad y locura. Es un lugar de distracción en donde me metó en un lugar que no se cuál es, y al mismo tiempo, hago las compras.
Amo el super (pero que haya poca gente, por favor)
Lo que seguiré criticando son esos temas pedorros que pasan por los parlantes. Si se me ponen media pila y pasan buena música, creo que puedo ir horas y horas.
Ojo, también he visto muchas parejas discutir de forma tremenda, cachetazos a muchos niños que piden cosas... entre otros.
Algo despierta el super.
lucy: Cierto, será que algo debe despertar. Y le cuento que el tema que estaban pasando en mi súper era "Thriller" de M. Jackson. Cómo lo recuerdo? Es que, además de estar dialogando conmigo, estaba canturreando la canción, que se pega como loca. En el camino de vuelta a mi casa andaba cantando Thriller, fijese.
A mi también me gusta ir al súper.
Saludos.
Sí sí, se pegan los temas encima. Me ha pasado.
Son una bosta y uno se va cantándolas.
Es muy particular todo lo que se teje en los supermarkets.
Lean el bajo título de este blog: como para no sorprenderse.
Y lean su blog también, es muy hermoso.
lucy: totalmente de acuerdo, he cantado temas de lo más extraños saliendo del súper.
sara: Tantas gracias por las palabras... Qué lindo que alguien escriba algo así sobre mi blog... Me sorprendió su comentario.
Saludos.
¡O sea que eras tú... la del súper! Te fui siguiendo durante unos minutos, me parecía tan desconcertante. Te oí decir cosas como: «azúcar, aceite... » y otras muchas que no entendí, porque me resultaban extrañas. Quizá porque aquí las llamamos de otra manera. No sé, resultó francamente curioso verte allí. Pero más curioso fue que, a la hora de pagar, en mi cesto había un paquete de mate. ¡¡¡¿Mate?!!! Es increíble, porque aquí es imposible de encontrar. Alguien lo pudo poner en... Pero, finalmente, cuando fui a pagar, la cajera lo pasó por el escáner, sin más, con la mayor naturalidad. Le di mi tarjeta y me sonrió: «Vos no sos de acá, ¿verdad?», me dijo. Apenas acerté a negar con la cabeza y salí confuso por la puerta: Más perplejo que un cucú saliendo de su casita en la pared, para cantar eternamente la hora.
Un beso.
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