Estoy. Sí. No me fui. Me alejé un poquito. Salí a dar una vuelta. Pero ya volví. Aunque no pretendo ser millones. Sería un horror. Millones de yo dando vueltas por el globo. Me perturba de sólo pensarlo. Así que aca estoy. En el lugar que dejé unos días atrás. Tenía asuntos que resolver. Que no resolví. Por supuesto. Resolver cosas me lleva mucho tiempo. Como si mi vida fuera un rompecabezas de diez millones de piezas. Ponele que andaré por la pieza 279, qué se yo. Así que me falta un poco. Tampoco es cuestión de resolver en un minuto. No tendría sentido. Tener todo resuelto. Y después qué? Nada, evidentemente. Entonces me tomo mi tiempo. En mi circulo amistoso creo ser reconocida por mi gran paciencia. Y si no, desayúnense con eso. Soy paciente. A veces me impacienta mi paciencia. Pero después se me pasa. Y no es una gran cualidad. Es una cualidad a medias, si se quiere. A veces está bueno ser paciente. Otras es una cagada atómica. Mmmmmmmmmmmmmmmmm... Volver a clase. La vida académica (cuántos tópicos!). He vuelto a la vida académica. Fue muy estimulante mi clase de ayer. Y muy poco populosa también. Eramos cinco. Me encantó. Supongo que con tan poca gente mi presencia se va a notar. Lo extraño es que eso no me perturbe. Generalmente me pone nerviosa. Pero, por otro lado, el cuatrimestre pasado cursé una materia muy populosa. Y yo, que soy de las que se sienta al fondo de la clase y trata de pasar desapercibida, me encuentro con que al final de la cursada la profesora me reconoce... Y eso que casi no abrí la boca en todo el cuatrimestre. Y ni que hablar de hacer amigos. Todo bien con eso, pero no era mi intención. Llegaba, escuchaba, anotaba, pasaban tres horas y me las tomaba, silbando bajito, como es mi costumbre.
Pero he vuelto. Aquí estoy.
Saludos.
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